miércoles, 16 de agosto de 2017

Cuento 'EL CHANGO BLANCO'

'


El reloj marca las 6:00 de la mañana, la niña Whiterlandy o White como la llaman sus amigos se prepara para ir a  clase de pintura, sin lugar a duda una de sus preferidas. Al llegar a  clase, la maestra le pide a White que prepare sus implementos y se siente junto a su nueva compañera blackiluz, sin vacilar saca su pincel pero… Se detiene mientras se dirige a su puesto junto a su nueva compañera, retrocede donde su maestra y le pregunta:
-¿Por qué debo sentarme junto a esa niña negra?
La maestra con tono firme le dice ¡porque yo te lo ordeno! Sin darle  más explicación.
White a regaña dientes se sienta al lado de su compañera evitando tener contacto con ella pues si se  acerca, de seguro podía manchar su hermoso tono de piel.
Blackiluz saluda a White, con una gran sonrisa pero lo que recibe es  un gran grito;
– ¡aléjate de mi niña negra!
Blackiluz con tristeza en su rostro, se retira y coge su pincel de perla dorada y se dispone a preparar su acuarela.
La maestra observa con cautela la reacción de  White,  quiere que entienda que todos somos iguales y que el color no te hace mejor ni peor y se le ocurre una gran idea.

pregunta White  
-¿Qué pintaremos?

La Maestra
- hoy pintaremos  un chango. 

blackiluz
 -¿un chango? ¿Y de qué color?

Maestra – ¡Del color que quieras!

White se puso a pintar
Un chango de blanco, pero antes de terminar se queda dormida, de repente White miro sus manos y su rostro no podía creer lo que sus ojos veían, era blanca y peluda como la lana, ¡sí! ella era el chango blanco, al lado de ella estaba su compañera blackiluz con sus pelos como el terciopelo azabache, su maestra con grandes melenas que brillaban como la noche, sus ojos como luceros de estrellas y sus demás compañeros todos de negro azabache y perlas blancas brillantes que iluminaban su rostro cuando hablaban y sonreían, todo se veían felices y en armonía, la única que se veía extraña era White, pues su color y su sonrisa no encajaban en esta gran celebración.
Sus compañeros no la reconocieron, que pena, se sentía culpable de que solitaria deambulaba en el aire.
Solo un chango se acercó por detrás sorprendiéndola con un gran abrazo era blackiluz y le dijo:
– Eres mi hermana tu color por fuera cambia pero, eres un chango changuito.
White, la abraza fuertemente mientras tanto; una suave lluvia  cae de los cielos y adorna el lugar, restaurando el color de White al del chango negro original.
Ambas se miran y empiezan a cantar- “Yo me quiero, Me quiero quedar negrita tu naciste con ese coloooo Y es que te queda bonito”.
White, regreso del sueño y abrazó a su compañera fuertemente y el chango que pintaba de blanco ahora lo quiere pintar negrito y es que le queda bien bonito.
A veces solo vemos las apariencias y no lo que realmente nos define como seres  HUMANOS todos somos iguales y si no lo crees pídele prestado los zapatos a tus hermanos los changos.





CUENTO LA ESTRELLA DE DUJAN


https://l.facebook.com/l.php?u=http%3A%2F%2Fbibliotecauniversidaddelvalle.blogspot.com.co%2F2016%2F10%2Fconcurso-cuento-corto-la-estrella-de.html%3Fm%3D1&h=ATP-heElvEMEOlyoFCgBEBlh3gP12O9RKqSx0UAPlGsx7VVnwhDhuqEy-e-dXa6mMA6RLqNunJbA4eiCbktlnfTutRtizxwRu0gPfPYo8Xmf-CHvY_74lvOO3706n1fE0ft2D9n7ckqU



Había una vez un chico llamado Dujan, desde muy pequeño le gustaba imaginar y crear cosas que para otros eran imposibles de concebir, mantenía siempre vigilante, montado  en un inmenso árbol, pues desde ahí estaba pendiente de todos los que pasaba en la aldea donde vivía.

Se mantenía aislado debido a los rechazos que recibía de sus amigos, por ser el más pobre y el diferente de su clase incluso Dujan llego a pensar reiteradamente que estaba enfermo y pero…  sabía que no pertenecía a este mundo.

A pesar de su corta edad tenía sus metas muy claras, sabía que había nacido con algo en particular, algo que ni tu ni yo sabremos solo hasta el final de este cuento.
La mayoría de sus habitantes se dedicaban a la agricultura y a la minería, y los más pudientes eran los dueños de los cultivos.
Lastimosamente Dujan no pertenecía ni al uno ni al otro. él al igual que su familia eran los recicladores de la aldea, se ganaban la vida recogiendo todo lo que desechaban los aldeanos, su padre reunía todo lo que la gente despreciaba y los transformaba en cosas hermosas que luego vendía en la plaza para poder subsistir.
Dujan sabía que, lo que hacía su padre era algo realmente hermoso y vivía agradecido porque eso era lo que les había dado el sustento hasta ahora.  Pero, sentía que le faltaba algo a su vida, algo que su familia no alcanzaba a percibir.
Y así fueron pasando los días, las horas y los años de Dujan.  Hasta que…
¡Un día muy temprano en la mañana antes de rayar el alba Dujan se levantó con el sentimiento que desde chico lo atormentaba! Pero… esta vez era más y más fuerte, sus piel sudaba, el corazón latía apresuradamente sus labios eran secos, que incluso Dujan llego a pensar que caía en un sueño profundo.
Hasta que… todo empieza a llegar a la tranquilidad, una luz blanca salió por el costado derecho de su cama, no le permitían ver el rostro de aquella voz que salía de esa intensa luz diciéndole.
– ¡Dujan Dujan!
– ¡Tu tiempo ha llegado, tus temores debes dejarlos ir para que puedas descubrir lo que te hará feliz!
– ¿sabes quién eres? (Preguntaba aquella voz)
– ¡tú hora a llegado Dujan!
El joven no comprendía lo que pasaba, hasta que la luz se fue disminuyendo poco a poco y cuando se apagó por completo dejo una piedra que alumbraba intensamente.
Dujan la recogió y de nuevo se acostó en su cama, pensando que todo había sido un sueño que al abrir sus ojos al amanecer todo habría pasado.
Pasaron dos días para que Dujan despertara y cuando lo hizo se sentía en el aire, su cuerpo era tan liviano que podría trasladarse de un lado al otro solo con el soplar del viento, las piedrecita dorada se había esparcido por todo su cuerpo y alrededor solo observaba millones de luces doradas que alumbraban con la misma intensidad que lo hacia él.
Desde lejos veía una señora sentada en un gran palacio mirando hacia el firmamento azabache diciendo:
–Gracias hijo, gracias Dujan
El joven se había convertido en una estrella dejándoles una gran fortuna a sus padres a cambio de la piedrecita de dorada él sabía que no pertenecía a este mundo Dujan estaba feliz, le había encontrado el propósito a su vida cuidar desde arriba, desde lo más alto lo que el mas había querido.
Colorín colorado este cuento se ha acabado vuélvase mentira vuélvase verdad si no has quedado contento que Dujan desde el firmamento te los vuelva a contar.
Fin…
Escrito por: Xiomy P11